Una marca no es el logo. El logo es la parte que se firma; la marca es todo lo demás: los colores, la tipografía, el tono, y sobre todo la coherencia entre una pieza y la siguiente.
Se nota cuando falta. Empresas que tienen un buen logo y aun así se ven improvisadas, porque cada aviso salió de una mano distinta y ninguna respetó a la anterior.
Un sistema, no una pieza
Diseñamos para que la marca funcione en todos lados: en un cartel de ruta que se ve a ochenta kilómetros por hora, en una factura, en una remera, en una historia de Instagram que dura veinticuatro horas.
Son contextos muy distintos y muchas identidades se rompen al pasar de uno a otro. Un logo pensado solo para pantalla se vuelve ilegible bordado. Uno pensado solo para imprenta se pierde en un ícono de perfil.
Las reglas quedan escritas
Junto con el diseño entregamos el manual: qué colores, qué tipografías, cuánto aire alrededor del logo, qué no hacer nunca. No es burocracia de diseñador.
Es lo que hace que dentro de dos años, cuando la pieza la haga otra persona, la marca siga siendo la misma.
Y plantillas para el día a día
No tiene sentido que nos llames para cada placa. Dejamos plantillas armadas para que tu equipo produzca lo cotidiano por su cuenta, con la marca respetada, y quedamos disponibles para lo que sí necesita criterio.